Entrevista a Beatriz Pichi
Malen, cantante del Puel Mapu:
Mensajera de la palabra entonada
Beatriz Pichimalen se presentó por primera
vez en Chile, dando a conocer su disco "Plata: canciones de
origen mapuche", a mediados de noviembre en la sureña ciudad
de Valdivia. Allí conversamos con esta "pequeña" pero gran mujer,
que surcó la cordillera y los mares con sus canciones de origen
mapuche.
Nacer cantando
Beatriz Pichimalen, Tataranieta del cacique
Coliqueo, nació cantando, como dice su madre allá en Los Toldos,
Provincia de Buenos Aires en el Puel Mapu, la tierra del oeste.
"Es que yo nací cantando, dice
mi madre que yo no lloraba: cantaba. Bueno era mi madre. Yo canté
toda la vida, era muy pequeñita, cantaba la ronda ronda, a los 15
años pulía piedras esquilaba conejos en el campo y cada esquilada
era un tema. Luego aprendí las canciones del campo y el folclor
argentino que mi padre me inculcó mucho", explica Pichi Malen.
Plata: Rescate y creación
En este disco se fusionó el rescate de la memoria y la creación,
es un trabajo artístico, que ha tomado elementos del rock y el jazz,
traídos por los dos integrantes del grupo mezclando el sintetizador
con los sonidos de la trutruka. 'Plata' se editó el año
2000. Allí entramos en un mundo creativo al que acuden los ancestros,
invocados por la melodía onomatopéyica del viento. "Este trabajo
tiene un origen mapuche, con una esencia de lo antiguo, y que aún
sigue presente en las formas tradicionales si recordamos los kamarrikun,
los nguillatún".
"Histórica y culturalmente hemos sido permeables a todo lo
que se nos ha ofrecido y ¿porqué no lo vamos a hacer ahora?. El
gran desafío es poder ensamblar todo lo nuevo que se nos ofrece,
seleccionarlo, tomar la esencia de lo nuestro y ahí recrear un tiempo
vivo hoy", explica. En cuanto al trabajo de investigación,
Pichi Malen nos cuenta "las canciones son recopilaciones mías
y de otras personas".
Abuelas, la memoria viva
Muvhas de las melodías de Beatriz son rescatadas de las abuelas
a través de un singular modo de preguntar "encontré
que la memoria viva la tienen las abuelas, los abuelos también,
pero la mujer deberá conversar con la mujer. Decidí preguntar y
a veces hasta me retaban porque no sabía preguntar y aprendí. Nunca
le pregunto a una abuelita si tiene ganas de cantar o se acuerda
de algún canto, entre mate o una tortita o lo que estemos haciendo
le digo 'capá' va a salir un canto' y ellas me dicen "capá'", y
por ahí no sale, quizá sale al otro día. Esa es la forma de preguntar".
Del pasado al Presente
Beatriz prefiere cambiar el tiempo del verbo, hablar de la cultura
mapuche en presente, valorar la cultura viva, ya que "en
la escuela misma no nos enseñaban que los mapuches vivían, o eran...
todo en pasado, y yo digo, ¿y los que estamos acá que somos?".
De manera que "este trabajo recreado de esta forma da nuevo
impulso, no al genio cultural mapuche, porque no seré yo quien lo
haga, pero sí al menos en el arte, y en el canto".
La discriminación
"Me sentí y me sigo sintiendo discriminada. En los grandes
festivales en la Argentina, me decían 'pero son muy lentos esos
cantos, pero son muy cortos', y yo decía pobre gente no entiende
nada. Y fíjate qué paradójico porque justamente cruzando los mares
donde la gente no tiene porqué saber, hay un respeto absoluto y
he vuelto cada año con una propuesta seria porque se sabe que la
esencia de un pueblo es la memoria viva. En la Argentina siempre
se pretendió parecernos siempre a algo: el del pueblo mira al de
la ciudad y el de la ciudad al otro lado de los mares y entonces
allende nunca somos, siempre parecemos. Cuando niña, lo mismo que
a nuestra gente me decían 'ah la morenita, la paisanita, la morochita',
si eso no estuviera hoy cargado de una intención maligna a mí no
me molesta porque el color es el color, pero ya sabemos que es otra
cosa".
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